Cada día se vuelve másparecido al anterior, entre platos, frijoles, cochinita pibil y gente blanca que viene a comer la comida de sus raíces, comida del sur de México a precio de NY o de la Americana, que pal caso es lo mismo.
A la gente nos encanta las mentiras, lloramos con los falsos discursos de fin de ciclo escolar, cuando sabemos que otra cosa fue, lloramos con grandes discursos de odio, porque estos nos aman, lloramos cuando creemos que el llanto puede resumir una palabra, un abrazo.
Qué perro frío, se me van a caer las orejas de tanta mamada que se oye por estos lados, la gente se preocupa por cómo sale su foto en el espejo, y a mi me preocupa que está lejos el sábado, la raya, pues. El billullo.
Ya no quiero lavar platos con agua fría. Digo, ni los pinchis platos quieren ser lavados por mí, ya se cansaron de malos tratos, de golpes, de agarrones sin consentimiento, yo les digo que no es mi pedo, yo no elegí tocarlos y trabajar con ellos. Me la mentaron. Les dije que yo ni quiero trabajar aquí, que si por mí fuera estaría afuera, sin frío y sin ellos.
Los platos están hartos de que todo el tiempo les hable de consciencia de clase y esas cosas. Hipócrita, me dijeron. Tú eres un inconsciente de platos, nos guardas con jabón y mojados. Doble moral, gritó una cuchara. Está fría el agua, respondí.